f5 / made in me

Hoy Recordamos f5 | made in me con el texto que me pidieron para presentar la acción.

f5 | ¿Pueden los androides soñar?

Tanto Philip K. Dick como Ridley Scott creyeron fatalmente que esos seres sintéticos con aspecto humano podían soñar. Ahora dicen que pueden crear (suena a titular de Revista Barcelona).

Mattos y Sitjar proponen desandar el arte de shopping propuesto por los galeristas del gestor de contenidos transnacional facebook con su fluctuante cotización en nasdaq, tan artificial y bienvenida para la especulación financiera como cualquier oscilación bursátil.

Nacidos al calor de la experiencia neoliberal de Domingo Cavallo (1991-1996/2001) durante las presidencias de Carlos Menem (1989-1999) y Fernando de la Rúa (1999-2001) formaron su sensibilidad estética en los límites de la clase media encerrados en el servicio de Televisión por Cable altamente globalizada y la primer Internet ferozmente experimental. La plaza o el parque municipal era re-emplazado en el patio de comidas del shopping suburbano, la educación pública de calidad por una educación privada de uniformes mal imitados a las series televisivas de Cris Morena por Telefe y las manifestaciones artísticas privatizadas en Museos de ricos en la zona turística o de las embajadas de la Ciudad de Buenos Aires. Para el Sur sólo quedaba entonces espiar por la rendija del low-fi de la televisión de tubo, los VHS copia de copia del videoclub cercano y los 56kbps del dial-up.

Allí Mattos y Sitjar encontraron algunos clásicos borrosos de I-Sat o Space, algunas páginas lentas de museos europeos y extensas noches de chat por el servicio de Microsoft MSN. 256 colores codificados en tres números hexadecimales, los lentos pulsos de una red telefónica regalada por espejos de colores, el VGA (que es igual al NTSC de la televisión estadounidense), los viejos fichines estridentes del patio de comidas, el monitor de tubo de rayos catódicos tiznado, la interfaz gráfica con el usuario del Windows 98/XP, el CD-Rom copiado, el sonido monoaural del cable y los baratos televisores de los noventa con parlantes sin graves, las avenidas rotas con autos viejos repatentados y semáforos quemados sin reparar, las ridículas máquinas expendedoras de boletos automáticos,  la televisación en directo de la protesta social, el analógico o mejor dicho el pre-digital, el límite exacto en que se desmorona la farsa.

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F5 es un refresh, una actualización, una revitalización, una nueva mirada a lo que había quedado congelado en la pantalla; supongamos que es el opuesto absoluto al CTRL-ALT-DEL del reset neoliberal que propone olvidarse de todo. Con F5 decimos: “a ver qué hay de nuevo” y de paso desnudamos la genealogía agotadora que une: las privatizaciones → el cable → la primer internet → el windows 98/XP → Telefe → MSN → hotmail → facebook.  Esa pequeña trama que nos enreda en sus cables negros y cuotas de Tarjeta Visa Internacional refinanciada con aparición en el Veraz.

Una propuesta, ya sabemos cual es la matrix de nuestra opresión estética y aquí es  cuando  la cajera de Carrefour y el chico de las papas fritas de McDonald se preguntan cómo la desarmamos. Al apretar F5 aparece el Estado representado aquí en la Sala Microespacio, pero también en la Universidad Nacional de La Plata, en la Educación Superior Pública de calidad, en becas y presupuesto para investigación (en Artes inclusive), en metros cuadrados de laboratorios, en redes de datos de alta velocidad, en Televisión Digital Abierta, fibra óptica, netbooks en los secundarios, acceso a obras, textos y opiniones, créditos para la vivienda y familias igualitarias.

Sin embargo, la tensión aún existe. No es ni bueno ni malo el uso de una plataforma digital, herramientas al alcance como Facebook o Youtube. No existe un problema en la circulación de bienes culturales a través de esas redes. Inclusive hasta está bueno en un principio coparlas, hacer uso de ellas y poner de manifiesto sus artilugios y maneras de pensar. Sin embargo, Made in Me propone ir un poquito más allá, lo chiquitito del microespacio (ya en su genial denominación), lo reconocido de la Sala por todos quienes alguna vez hemos pasado por allí (el deseo de los jóvenes artistas platenses de ocuparla) hará saltar la grandilocuencia desterritorializada del Facebook con el trabajo militante del Museo local por y para sus espectadores.

Si f5 junta doscientos mil me gusta, realmente a mi no me importa.

Si un espectador nuevo pasa por calle cincuenta y uno; descubre un museo y conecta con la experiencia estética propuesta por Mattos y Sitjar estamos salvados.